La remera de la esencia.
Pedro fue alguna vez un simple artefacto que limpiaba piletas, pero su creador comenzó a darle forma humana: piernas, brazos, cabeza, cuerpo, y así Pedro dejó de ser máquina para convertirse en artista. Pintaba cuadros celestes, azules, llenos de formas bellas, se volvió famoso, aplaudido, celebrado, y sin embargo algo adentro suyo pedía volver. Un día organizó una muestra final, invitó a todos, y frente a una multitud deslumbrada hizo lo impensado: se zambulló en la pileta donde todo había empezado. Allí, en el agua, su cuerpo se fue desarmando, los brazos, las piernas, el torso, hasta que quedó solo su esencia: ese pequeño y fiel limpiador de piletas, ese que no buscaba brillar, pero sí ser verdadero. Porque a veces recordar quiénes somos es el acto más valiente de todos. Esta remera no sólo viste, nos invita a volver a lo esencial, a ese lugar donde nacimos, a ese ser que no necesita más que ser.








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