La remera del amor que no se dice, se siente.
Si los perros pudieran hablar, no te dirían “te amo”, te gritarían ¡AMOOOR!, con todas las letras, con saltos, con ojos brillantes y con esa alegría que no sabe ni quiere disimularse. Porque el amor de un perro es así: incondicional, leal y desbordado. No importa la raza ni el tamaño, importa cómo llegan a tu vida y cómo jamás se van del todo. Esta remera es un homenaje a ellos, a los que te esperan, te huelen, te escuchan y te entienden. A los que no juzgan, no piden explicaciones y aun así saben exactamente cuándo algo te duele. El salchicha de la estampa es solo un símbolo; detrás de él están todos: los de raza, los mestizos, los rescatados, los que ya no están y los que todavía nos van a elegir.
Porque hay amores que no necesitan palabras, y este es uno de ellos.







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